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Descubre algunos de los lugares más hermosos del Perú y encuentra los consejos para planear tu próximo viaje.

Tesoros de la tierra del mercurio

Huancavelica
Por: Karina Valcarcel

Huancavelica en 3 días

Perú esconde riquezas en todos sus rincones. Más allá del cliché y el manoseo de la frase repetida, es algo que queremos aseverar en base a nuestra experiencia de viaje, la cual no es poca. Se me viene esto a la mente luego de visitar por primera vez un destino cuya actividad turística aún se encuentra en vía de desarrollo, pero que sorprende por sus atractivos ocultos, los cuales hemos tenido la fortuna de conocer en esta nueva temporada de viajes con Perú Descubre.

Iniciamos la temporada de viajes de este año de la mano de Subaru, a bordo de una Forester 2.5 Sport 2018, vehículo con el que transitamos por carreteras asfaltadas, pero también por largos tramos de trocha dura y vías en proceso de reconstrucción. La ruta es cómoda y uniforme mientras se conduce por la Panamericana Sur y la Libertadores Wari. El verdadero reto se presenta al llegar al puente Rumichaca I, donde tomaremos el desvío a Santa Inés y proseguiremos hasta Huancavelica. El primer día es todo viajar. Salimos de Lima un domingo, poco antes de las ocho de la mañana, el tránsito es menos pesado de lo que nos esperábamos, será que el verano ya se va guardando a la par que los bañistas o quizá la noche del sábado fue muy intensa y todos aquellos que corren hacia el sur aún se encuentran en el plano del sueño. Sea como sea, aprovechamos para acelerar y sacarle el jugo a la luz del día.

Paramos a la hora del almuerzo en Huaytará, que es ya territorio huancavelicano. Hasta ese punto hemos avanzado 352 kilómetros: de Lima a Pisco, 234 por la PE-1S y luego, 118 km más por la Libertadores (PE-28 A, indica el GPS), ruta típica para llegar a otro destino muy visitado en Semana Santa: Ayacucho. Encontramos un restaurante cerca de la plaza principal y elegimos trucha de una pizarra que además ofrece platos como cuy frito, patasca, conejo y caldo de cordero, entre otros. A la salida, encontramos una tienda de productos lácteos y panes típicos de la zona, una parada ideal para el que siempre lleva algo de sus viajes a toda la familia. Retomamos el camino por la 28 A y avanzamos 85 km hasta el puente Rumichaca, donde tomamos el camino de la izquierda con dirección a Santa Inés. Aquí empieza lo bueno. O en realidad, lo malo. Avanzamos por una vía que inicialmente parece ser una trocha, pero en realidad son los restos de una autopista que ahora se encuentra tan agujereada como una coladera, especulamos que fue el escenario de una lluvia de meteoritos y avanzamos sobre los grandes forados, ya que es imposible esquivarlos.

Así durante al menos 30 kilómetros que recorremos por lapso de una hora, con paciencia y cuidado. La tarde va cayendo y una primera lluvia nos visita. Luego, el sol volverá a asomar la nariz y nos regalará un arcoíris. Si algo he de recordar de este día es que hubo de todo: granizo, nieve, niebla, rayos, truenos y relámpagos. Un verdadero reto para el amante del off-road. Llegamos a Huancavelica por la 28 D, luego de 78 km.

Huancavelica ofrece un amplio abanico de experiencias y es difícil decidirse por una sola de sus rutas. Por eso, para esta edición nos hemos propuesto conocer un poquito de todo, partiendo de lo ofrecido por sus paisajes naturales y su pasado histórico. Es así que para el segundo día de viaje trazamos un plan que incluye visitar un bosque de piedra, un complejo arqueológico, pinturas rupestres, petroglifos y un complejo funerario.

CERCANÍAS DE HUANCAVELICA
Partimos de la ciudad con dirección al distrito de Yauli. A solo media hora, llegaremos a la comunidad de Uchkus alto donde se encuentra el complejo arqueológico Uchkus Inkañan. Para llegar al pie del recinto ingresamos por una trocha pantanosa, rodeada de pasto, cerdos, vacas y ovejas. El sitio –hay que decirlo- parece estar en abandono y en un precario estado de conservación. Conocido por haber sido un centro de experimentación agrícola y observación de los astros, lo más destacable de este complejo es el sitio de Tucolemisa. Muestra varias estructuras rectangulares y algunas con cimientos de base circular, amuralladas por paredes líticas de bloques rectangulares, sobresale de toda la estructura una portada trapezoidal que conserva sus jambas, umbral y dinteles de piedras alargadas. Caminamos entre los restos de esta construcción Inca, imaginando su tiempo mejor, no tardamos en volver a la Forester para continuar con nuestro plan.

Retomamos la carretera y salimos hacia el bosque de piedras de Sachapite, un cúmulo de formaciones rocosas sobre la cordillera que se aprecia desde lejos y uno de los atractivos turísticos más visitados de la región. Para acceder a la experiencia completa se debe realizar una breve caminata en ascenso, así se podrá apreciar las formas de las piedras que componen este enigmático paisaje con mayor claridad. Todo bosque de piedras es siempre una invitación al ejercicio creativo, el uso de la imaginación será fundamental para gozar esta segunda parada. Los bloques son monumentales, las texturas más que vistosas, desde lo alto de estas formaciones de ceniza volcánica se puede apreciar los campos circundantes e incluso se obtendrá una vista del lugar que acabamos de dejar: Uchkus alto. Habrá que tener sumo cuidado de no perder el equilibrio y tomar en cuenta la fuerza del viento.

Bosque de piedras, pinturas rupestres, petroglifos, paisajes impresionantes, lagunas, flora y fauna, son solo algunos de los tesoros de la ruta.

Línea roja, por favor no modificar

TODO LO QUE HACEMOS DEJA SIEMPRE UNA HUELLA
Algunas intencionales y tangibles, algunas como simple consecuencia del ‘haber sido’. Nuestros antepasados lo sabían bien y procuraron dejar huella de sus proezas y magnificencia. A conocer dichos vestigios es que vamos a Acobamba. Para llegar nos dirigiremos primero al centro de Yauli, luego pasaremos por el desvío a Paucará, ahí nos encontraremos con una vía asfaltada –la PE 3SM- que nos llevará a nuestro destino. Son 79 kilómetros que transitaremos en 3 horas, la mitad del camino es una pista de tierra afirmada de un solo carril, la otra mitad presenta una autopista en buen estado.

Entre los ríos Mantaro y Acobamba se halla el abrigo rocoso que alberga las pinturas rupestres de Quillamachay. A 3,8 kilómetros al noreste de la ciudad de Acobamba, en el anexo de Virgen de Lourdes a 3562 m.s.n.m, en la margen izquierda del río Parihuanca. En esta parte de la ruta encontrarás todos los sitios de interés bien señalizados, incluyendo distancias y accesos. Nos detenemos a un lado del camino y caminamos hasta llegar a la base de la ‘cueva de la luna’. Acá encontraremos un escenario abovedado en el cual se ha pintado principalmente escenas de caza de camélidos. Al avanzar encontrarás las piedras del sacrificio y pago, así como la piedra astronómica. Más adelante, pegado a la base de la montaña, encontrarás un conjunto de petroglifos de formas circulares y rectangulares, representaciones geométricas cruzadas por líneas horizontales, algunas presentan un bajo relieve circular, según estudios arqueológicos probablemente como ofrendas a los dioses. Sobre la data, se ha estimado que este centro rupestre tendría una antigüedad que va entre los 5,000 a 10,000 años a.c.

Ahora toca visitar el complejo funerario de Allpas, a 600 metros de Quillamachay. Avanzamos por la trocha a bordo de la Forester y luego caminamos entre en los cultivos aledaños hasta llegar nuevamente a una montaña rocosa que tiene como principal característica la presencia de unos forados ovoides llamados ‘ventanillas’. Un conjunto de nichos tallados en toba volcánica en los que tenían lugar entierros de la elite en el periodo pre-incaico. Las tumbas están alineadas en hileras horizontales, son de poca profundidad y no se encuentran a mucha altura, han sido talladas bajo la técnica denominada ‘percusión’, perteneciente a la etapa lítica de la prehistoria para la creación de una cavidad a través del desgaste. Llegar a este punto del viaje es dejarse deslumbrar por todo aquello que precede nuestra existencia. Vale la pena sufrir la trocha, la altura, el frío y todo lo demás. Por ahora, regresamos a descansar al centro de Huancavelica.

DESPEDIDA DE LAS NUBES
Para el último día de nuestro viaje hemos decidido visitar las tantas lagunas que se encuentran en las afueras de la ciudad. Lo más conveniente es dejar este circuito para el día en que decidas regresar a Lima, ya que todas ellas se encuentran en dicha ruta. Avistarlas todas te tomará de dos a tres horas, empezando por Pultoc que se encuentra en uno de los márgenes de la carretera 28D, ramal de la vía de los Libertadores. Se divide en Pultoc chico y Pultoc grande, dos lagunas aledañas cercadas por una formación rocosa de poca altura, muy típica de la zona. En ella logramos ver algunas vizcachas que saltan presurosas, alertas a nuestra presencia.

La parte que se ve desde la carretera parece ser un bofedal, pero caminando cuidadosamente sobre su vegetación, llegamos a la parte principal de la laguna, que se abre como un pequeño paraíso escondido. El sonido de las aves del lugar inunda el espacio. Para el observador de pájaros, este resultará el lugar soñado. Distinguimos entre la variedad parihuanas, patos y gaviotas andinas, entre otras. Sus aguas son de colores verde, celeste y turquesa y en lo personal, me resulta la más atractiva de todas. Avanzamos hacia Parionacocha, que está en la ruta Santa Inés-Castrovirreyna. Seguimos hacia Orcococha, una de las más importantes de la zona, abarca un área de espejo de agua de 14,9 km2 y todas las quebradas de los alrededores llegan a depositar sus aguas en ella. Finalmente, avanzamos unos kilómetros más y llegamos a la principal: Choclococha.

Choclococha es tan grande que no entra en una sola foto. De hecho, para registrarla tenemos que hacer distintas paradas para capturar la imagen de todos los ángulos posibles. Es enorme. Su superficie comprende más de 16 mil km2 y es la de mayor tamaño en la región, con una profundidad de 14 metros en su parte más honda. Sirve como bebedero al ganado del lugar, también presenta variedad de aves y especies vegetales, así como islotes, acá se practica la piscicultura. Es bonito, a la vez que frustrante, verse frente a ella. Una quisiera gozar de una visión absoluta y cenital para poder apreciarla en toda su magnitud. Como la vería dios, por decirlo de algún modo. De momento nos quedamos con las partes del rompecabezas de agua y regresamos de donde partimos para poder asimilar lo encontrado. Hasta que el camino nos retorne la capacidad de asombro.  

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Mayo 2018