LA REVISTA

Autos y películas

Abril 2018
Por: Tomas Unger

Edición 242

A raíz de la carta de un lector, hace años escribí un artículo sobre los automóviles en las películas, comparándolos con el carbono 14 de los antropólogos.

Así como la cantidad de isótopos del carbono permite calcular la antigüedad de la materia orgánica, los automóviles que aparecen en una película permiten calcular el año en el que está ambientada la cinta. Puede haber autos más antiguos pero no puede haber ninguno producido después del supuesto año.

En una época los americanos cometían errores y se le escapaban autos posteriores al año en que se suponía que ocurría la historia, cosa que nunca pasaba en las películas inglesas. Es más, en ellas aparecían autos mucho más antiguos, porque aparentemente los ingleses no consideraban necesario poner un auto del año.

Hoy, en las películas americanas ya no se equivocan y es fácil ver en qué año se supone que sucede la historia porque acostumbran poner a los automóviles de ese momento. Generalmente el protagonista rico tiene un último modelo y en la calle hay estacionado o circulando alguno. En busca de errores, muchas veces los aficionados observan los pequeños detalles, por ejemplo cómo la posición de las luces de estacionamiento o una barra en la máscara variaron de un año para otro.

Imagino que en Hollywood debe haber empresas que tienen cientos de automóviles disponibles para alquilar a los estudios, de acuerdo a sus necesidades. En algunas películas, como El gran Gatsby, hay automóviles muy valiosos, que probablemente fueron alquilados de museos.

Por otra parte, en series como Maigret se las arreglaban con cinco autos: un par de Citroëns, un par de Peugeots y un Mercedes-Benz que aparecía de vez en cuando, trabajaban en todos los episodios. Es cierto que en los años en que sucede la serie había pocos autos en Francia, pero no se limitaban a un Peugeot 203 y un Citroën 11.

Hay películas en las cuales los autos son protagonistas, escogidos con mucho cuidado, y en muchos casos proporcionados por las fábricas a cambio de la publicidad. Tal vez el caso más conocido es la película Bullitt de 1968, en la cual el Mustang es tan protagonista como Steve McQueen. Hoy, probablemente todo depende de qué marca paga más por el estrellato.

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