SE HACE CAMINO AL VIAJAR

El corazón del viajero es una maleta ligera, cargada de recuerdos, de la brújula del instinto, del mapa mental de todo lo gozado y aprendido en la ruta. Este año, Perú Descubre visitó nueve destinos, atravesando costa, sierra y selva peruanas. Aquí, un recuento que te animará a salir de la rutina y a tomar la ruta.
Escribe: Karina Valcárcel

Cajamarca
Iniciamos la temporada visitando la tierra del carnaval. En esa ocasión estuvimos en Cumbemayo, Porcón y KunturWasi. Un viaje que se puede replicar en familia, con amigos o de a dos, si se quiere. Cumbemayo ofrece una experiencia de aventura, lo que incluye trekking por el bosque de piedra y atravesar el estrecho pasaje que bifurca una enorme piedra y que te hace nacer del otro lado del bosque. Destaca también el canal prehispánico, una de las más notables obras hidráulicas del área andina, acueducto pre Inca de 9,100 m de largo dividido en tres tramos.
Una oferta diversa y familiar es la que encontrarás en la granja Porcón, ubicada a 30 km del centro tomando la carretera a Chamis, una autopista asfaltada y en buen estado. Acá se promueve el turismo vivencial, se puede realizar visita de un solo día como también planificar una estancia más prolongada. En sus 12,800 hectáreas de terreno, Porcón reúne centros de producción textil y artesanal, así como un zoológico increíble, ya que en él se hallan especies en peligro de extinción como el cóndor real. Finalmente, si lo tuyo es el turismo arqueológico, no puedes dejar Cajamarca sin antes visitar Kuntur Wasi. El complejo se ubica a 48 km de la granja Porcón y a tres de la entrada al pueblo de San Pablo, cuenta con un museo de sitio.

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Tarapoto
Salimos del clima seco cajamarquino y nos vamos por la vereda tropical. Llegamos a Tarapoto por la Carretera Marginal de la Selva, que prosigue en la 5N o Irsa Norte, un camino vistoso que corre en la misma dirección del río Uctubamba. Lo más arduo de este viaje fue enfrentarse al clima: tramos resbalosos por las lluvias, algunos derrumbes e inclusive un huayco nos sorprendió en el camino. Una vez en Tarapoto, nos enrumbamos hacía Sauce, con el objetivo de visitar Laguna Azul; para ello debemos viajar por una hora hasta uno de los puertos del río Huallaga, el cual cruzamos con ayuda de una balsa cautiva, Montero Sport incluida. Son 35 kilómetros hasta puerto López, luego de atravesar el río, se continúa por una trocha de tierra rojiza que se prolonga por 17,5 kilómetros más. Hay que ser un verdadero ‘todoterreno’ para lograr este viaje en auto.
Laguna Azul es un bello espejo de agua de 5 km de largo por 2 km de ancho, con 37,5 metros de profundidad –42 en su parte más honda- y forma de riñón. Sobre ella se refleja el tono rosado del cielo de media tarde, según los lugareños, en su fondo habita una mortal sirena que cada año cobra la vida de un hombre soltero.

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Oxapampa-Pozuzo
De Lima a Oxapampa son 390 km de asfalto con dirección noreste, de nueve a diez horas siguiendo la Carretera Central. El camino es vistoso y si disfrutas del calor, el clima te resultará agradable. Habrá que tener en cuenta que la mejor época para realizar este viaje es entre junio y setiembre. Oxapampa ofrece circuitos para todos los gustos. En alguna entrega anterior visitamos el Parque Nacional Yanachaga-Chemillén, que es perfecto para los amantes de la naturaleza y de la aventura. Una opción menos trajinada implica aprender del pasado histórico de la ciudad, visitando sus construcciones en madera, así como sus campos y centros de producción. Para aprovechar el viaje, no dejes de visitar Pozuzo, serán 75 kilómetros de recorrido por una vía algo complicada –mejor atravesarla de día- pero valdrá la pena.

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Lambayeque
Un viaje de largo aliento –12 horas, 769 km- nos llevó hasta la tierra generosa de Chiclayo para visitar Huaca Rajada y Chaparrí. Tomamos la Panamericana Norte y avanzamos por la costa peruana, parando un par de veces para almorzar y estirar las piernas. Para llegar al Complejo Arqueológico ‘Huaca Rajada’, lugar donde se halló la tumba del Señor de Sipán y toda su dinastía, se deberá recorrer 35 kilómetros al sureste desde el Centro Histórico de Chiclayo hasta llegar al distrito de Saña. Una vez en el lugar, Luis Chero –director actual del museo de sitio y miembro de la expedición descubridora de Sipán- nos recibió sonriente para contarnos la fantástica historia de uno de los descubrimientos más importantes en la arqueología de Perú y del mundo. Al día siguiente nos encaminamos hacia la Reserva Ecológica de Chaparrí, a 73 km de Chiclayo con dirección este (como quien se va a Chongoyape) por la carretera 6A. Previamente nos reunimos con Heinz Plenge, fotógrafo y gestor de Chaparrí, quien compartió con nosotros el cómo se formó esta área de reserva. El llamado ‘bosque seco’ es preciso para realizar observación de aves y caminatas, su diversa flora y fauna brindan el contexto ideal para conectarte con la naturaleza y aprender de ella. Destaca la presencia del oso andino, conocido también como oso de anteojos.
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Purhuay
El camino hacia Áncash es siempre placentero. Este año estuvimos en dos ocasiones por esta zona, la primera de ellas fue para practicar kayaking en la laguna de Purhuay ubicada en Acopalca, 6 kilómetros antes del ingreso a Huari. Desde ahí se tomó una vía transversal de tierra afirmada de 7 km hasta llegar a las orillas de la laguna. Todo el trayecto previo fue igual de interesante: tuvimos una primera parada en Bandurria – kilómetro 141 de la Panamericana N, 10 km al sur de Huacho- donde visitamos la zona arqueológica y avistamos el humedal que se filtra desde Playa Chica. Más adelante, nos detuvimos en Aija donde visitamos el templo Santiago Apóstol. Atravesamos Carhuaz, el túnel Punta Olímpica y Chacas hasta llegar a Huari, ya que era el lugar más propicio para descansar y lograr llegar a primera hora a nuestro destino último.

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Cusco
Sin duda el viaje más alucinante del año fue el que hicimos a Cusco. A finales de mayo nos aventuramos a ser parte de la tradicional fiesta del Señor de Qoyllur Rit’i. Para este propósito viajamos por carretera durante dos días hasta la comunidad campesina de Mahuayani, en el distrito de Ocongate. Desde ahí iniciamos nuestra peregrinación durante la madrugada, a grados bajo cero, montados sobre mulas y abrigados hasta los dientes. Llegamos a la cima acompañados por las comparsas de danzantes y formamos parte de esta gran fiesta en la que el sincretismo protagoniza una de las ceremonias más representativas de nuestro país.
Además de esta experiencia increíble, tuvimos todo un día de aventura recorriendo el Valle Sagrado de los Incas en cuatrimoto y deslizándonos sobre sus campos en zipline. De este viaje siempre recordaremos con cariño la nobleza de los pobladores, la emoción compartida con turistas de todo el mundo, la chicha de jora, el pago a la tierra y la música representativa de cada una de las Naciones que forman parte la festividad año a año.

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Andahuaylas
En la tierra del taita Arguedas pasamos una entrañable estancia. Conocimos el Complejo Arqueológico Sóndor y la laguna de Pacucha. El sitio arqueológico en mención fue un lugar de uso ceremonial donde se asentaron los chankas; se halla en la sierra central de Perú, departamento de Apurímac, provincia de Andahuaylas y distrito de Pacucha. En la zona se encuentra la laguna homónima al distrito, cuyas aguas cristalinas reflejan el cielo de forma tan nítida que cualquiera creería que los patos se sumergen en las nubes en lugar de bajo el agua. Aprovechamos además para conocer una de las primeras casas en las que vivió José María Arguedas, gran escritor peruano, cuyo sepulcro está ubicado en una pequeña plaza en la que también se erige una estatua dorada que lo representa.

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Lagunas Safunas
Segundo viaje a Áncash. En esta oportunidad tuvimos un recorrido intenso y lleno de aventura. Con el fin de conocer las lagunas Safuna Baja y Safuna Alta, emprendimos el periplo rumbo al Alpamayo, dentro del Parque Nacional Huascarán. En el camino nos detuvimos a contemplar aquellas sábanas de ají seco que flanquean un breve tramo de la Panamericana Norte, a la altura de la Comunidad Campesina de Shaura. Más adelante paramos en Conococha y, en el segundo día de viaje, en el santuario del Señor de Pomallucay. Una vez en Pomabamba cenamos y descansamos un poquito, para seguir la ruta por Palo Seco, Collota, Huillca y finalmente Safuna. Un intrincado camino a prueba de GPS. Llegamos cerca de la media noche al llano que nos permitió pernoctar. Sabíamos que estábamos rodeados de picos nevados, aunque la oscuridad apenas nos dejaba distinguir nuestros propios rostros. A grados bajo cero y con ayuda de algunas linternas, montamos la carpa y luego –por fin- a dormir.
El viaje a las Lagunas Safunas es ideal para el viajero recio que ama los retos. Implica un camino difícil, resistencia a la altura y al frío, habilidad para montar el campamento y energía suficiente para realizar el trekking del tercer día, ya que para llegar tan alto se deberá continuar a pie al menos por una hora y media más. Sin embargo, toda dificultad habrá valido la pena cuando estés frente a estas maravillosas lagunas rodeadas de nevados.

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Laraos-Huancaya
Para terminar, realizamos un viaje que se puede replicar en feriado largo. Dentro del departamento de Lima se encuentran los cautivadores paisajes de Laraos y Huancaya, dos pueblos que forman parte de la Reserva Paisajística Nor Yauyos-Cochas, la cual se extiende hasta Junín. El primero de los pueblos ofrece un recorrido que te permitirá conocer la cascada Yuncalara, el vivero municipal, el tragadero más hondo de Sudamérica, la laguna de Pumacocha y las pinturas rupestres de Quillcasca; además podrás apreciar la andenería típica que aún se conserva como método de producción agrícola en Laraos. En Huancaya, podrás disfrutar del paisaje edénico que proporcionan sus caídas de agua, conocidas como cascadas escalonadas de Cabracancha. Llegar es fácil: se deberá tomar la Panamericana Sur hasta el kilómetro 130, proseguir por la antigua carretera, hasta el kilómetro 144, y desde Cañete continuar por 45 kilómetros más con dirección este rumbo a Lunahuaná. Este último tramo, yendo ya por la carretera Cañete-Yauyos, será la vía que nos conducirá hasta Laraos. Luego, para llegar de Laraos a Huancaya, se tomará la carretera 120 por un trayecto de 37 kilómetros.

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Perú es un territorio infinito. Esta condición está determinada por algo que trasciende su espacio geográfico. El verdadero territorio de Perú está en la calidez y disposición de los peruanos y en las posibilidades que aquello representa. Está en todo lo que es capaz de enseñarnos la mera existencia de un árbol o el inesperado canto de un pájaro, así como en las costumbres que les crecen alrededor. Está en las formas bellamente accidentadas de su geografía. Por eso seguimos viajando, porque el aprendizaje acaba nunca. Porque aún queda mucho más por descubrir y por contar. Hasta la próxima.

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