Laraos-Huancaya: Golosina de la mirada

La reserva paisajística Nor Yauyos-Cochas (en adelante RPNYC) es un lugar secreto donde el asombro aguarda, quizá en una cueva subterránea, o en la alargada y pasmosa caída del agua o en un bosque de piedra donde se guarecen las últimas vizcachas de la zona. Ubicada entre Lima y Junín, cuenta con muchos atractivos, en esta ocasión visitamos los pueblos de Laraos y Huancaya.
Escribe: Karina Valcárcel

Según nos cuentan, llegar no debería ser muy complicado. Basta con tomar la Panamericana Sur hasta el kilómetro 130, proseguir por
la antigua carretera, hasta el kilómetro 144 y desde Cañete continuar por 45 kilómetros más con dirección oriental rumbo a Lunahuaná. Este último tramo ya por la carretera Cañete-Yauyos que será la vía que nos conducirá hasta Laraos. Paramos en Lunahuaná para el almuerzo. Es poco más de la una de la tarde cuando nos encontramos a punto de darle curso al arroz con pato y al chupe de camarones. Nos ha tomado dos horas y media recorrer este primer trayecto.

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Retomamos el viaje, saliendo por el distrito de Zúñiga, acá las condiciones de la carretera no son las mejores: pistas en mal estado, erosionadas; exceso de rompemuelles (no todos señalizados) y presencia de derrumbes. Proseguimos por una vía afirmada, rodeada de campos y algunas viviendas, es angosta y de una sola dirección para vehículos que van y vienen. Ciertamente no es una ruta fácil. Hay que ser cautelosos y -como siempre- respetar los límites de velocidad, ya que en más de una ocasión te cruzarás con niños, arrieros y ganado. Continuamos ascendiendo a bordo de nuestra Mitsubishi Montero Sport, acompañados por la acogedora vista que nos brinda el río Cañete, atravesamos algunos precipicios, sorteamos las curvas y 118 kilómetros después hemos llegado al desvío a Laraos. De ahí daremos vuelta en ‘U’ y seguiremos manejando por 10 kilómetros más hasta el ingreso del pueblo, donde tendrás que registrarte en el puesto de vigilancia y control.

Son las seis y media de la tarde cuando por fin descendemos de la camioneta. Hace frío y toca registrarnos en el lugar donde pasaremos la noche. Es necesario que sepas que para realizar la visita a cualquier destino de la Reserva Paisajística Nor Yauyos-Cochas tienes que hacer una serie de coordinaciones, porque aunque cuentan con todos los servicios para hacer de la presencia del visitante una experiencia grata, no ofrecen atención permanente. (ver inserto)

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Ubicado a 3350 msnm, provincia de Yauyos, región de Lima, el pueblo de Laraos se caracteriza por sus andenes –tema que ampliaremos más adelante- pero, además, posee muchos otros atractivos que descubriremos juntos en esta crónica. Luego de dejar nuestras cosas en el hospedaje salimos a dar una vuelta a pie por el lugar. No son ni las ocho de la noche y está casi desierto, salvo por una señora que prepara picarones cerca a la plaza central, en la cual destaca un sombrero enormísimo a manera de monumento característico y algunos columpios en una esquina. Nos juntamos al poco rato con don Máximo Brañez, más conocido como ‘Maco’, él será nuestro guía en Laraos. Maco forma parte de la Asociación de Turismo Rural Comunitario, la cual se ha encargado de propiciar óptimas condiciones de estadía para aquellos que quieran conocer la belleza, historia y costumbres de Laraos. Dicha asociación viene funcionando desde el 2012 y ha ido trabajando en la implementación de distintos circuitos turísticos.

UNA EXPERIENCIA LARAHUINA
Son las cinco de la mañana cuando me despierto no por el canto de un gallo, sino por el rebuzno de un burro. No, no es broma.
Mi cuarto de hotel da a la laguna de Cochapampa. Seca por estas fechas, sirve de cancha de fútbol y pista de carreras de atletismo a los deportistas locales. El plan para hoy está comprendido por seis paradas en un trayecto total de 22 km.

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Desayunamos y nos juntamos con nuestro guía para empezar la ruta. Tomamos un camino de trocha con dirección este. Es un día soleado, sin embargo en la sombra podrías jurar que estás en el más crudo de los inviernos. Avanzamos por los verdes parajes de Laraos y al poco rato nos detenemos para buscar la cascada de Yuncalara, una caída de agua ubicada a 1,5 km del pueblo; en este lugar se lleva a cabo la ‘Fiesta del Agua’ –también conocida como ‘Limpia acequia’- en el mes de mayo. Seguimos avanzando para conocer el Relleno Sanitario y Vivero Municipal de Laraos. En este lugar se acopian los distintos tipos de residuos de la localidad para luego clasificarlos y destinar los orgánicos a la elaboración de humus, con el cuál se abonará las plantas y árboles que forman parte del proyecto de reforestación de la zona. Aquí nos cuentan que además de pino y aliso –especies arbóreas- se ha empezado a cultivar fresa y lechuga, además de arbustos florales, todo de forma orgánica.
Continuando por la trocha llegamos a nuestra tercera parada. Maco nos dice que esta caverna es especial, y lo es tanto que varias expediciones de espeleólogos han venido en más de una ocasión a explorarla. Se trata de la caverna o tragadero de Pumacocha, señalizada por un cartel que apunta sus 638 metros de profundidad (lo que la convierte en la más honda de Sudamérica) y los 1,427 m. de longitud. La primera expedición se realizó en junio del 2001; la segunda, en setiembre del 2002 y la tercera, en mayo del 2004. Fueron varias por la dificultad que implicaba el acceder a esta boca subterránea, pero fue casi una obsesión para los estudiosos. Nosotros descendemos solo hasta sus bordes. Del agujero emana una brisa o un vapor, como si la tierra exhalara un largo soplo de aliento. Más adelante, a 18 kilómetros del pueblo, pasamos por la laguna que lleva el mismo nombre de esta gruta; pero ese es un punto al que retornaremos luego.
Ahora nos dirigimos a las pinturas rupestres de Quillcasca. Para llegar al punto exacto donde se hallan los pictogramas se debe realizar una caminata de aproximadamente media hora de ida y media de vuelta, considerando un ritmo pausado ya que estarás a 4350 m.s.n.m. Buscamos un lugar lejos de la vía para estacionar nuestra Montero Sport y empezamos con el trekking. Subimos sin dificultad, atravesando un bosque de piedras donde vizcachas aparecen y desaparecen en veloces saltos. A mitad de camino nos detenemos brevemente a tomar aire. En este punto encontramos algunas apachetas, estructuras verticales donde piedras se superponen en equilibrio. Las apachetas son hechas como un pago a la tierra en señal de agradecimiento por haber alcanzado un punto alto en el camino. Un tipo de tributo característico del viajero que data desde la época de los incas, realizado por distintos pueblos de los Andes de América del Sur hasta la actualidad.

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Llegamos al abrigo rocoso de Quillcasca, el cual está cubierto por una cantidad remarcable de pinturas rupestres que representan escenas de caza, animales y personas en un tonalidad rojiza. Maco insiste en contarnos historias de alienígenas, nos dice: ‘Miren bien las figuras, no todas parecen ser humanas’. Es cierto, algunas lucen cuerpos desproporcionados, con extremidades muy alargadas, incluso algunos personajes parecen estar descendiendo en una suerte de paracaídas. ¿Será que en algún tiempo seres del espacio exterior se dieron su vueltita por Laraos? A lo mejor sí, personalmente conservo cierto escepticismo. Hacemos las fotos de rigor y damos media vuelta para visitar la laguna Pumacocha. La laguna se extiende por dos kilómetros y en ella desarrolla el principal centro de producción de truchas de Nor-Yauyos a través de jaulas flotantes. Llegamos justo al momento en que los pescadores están por varar una de las jaulas para llevarse el pescado. Es la primera vez que veo algo así. Tres hombres jalando un artefacto que se asemeja a un octógono y del cual se sujeta una enorme red, sobre la que saltan los iridiscentes cuerpos de las truchas. Parece ser una labor complicada. Tardan cerca de veinte minutos y cuando todo termina, lucen cansados y contentos.

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Toca regresar al centro del pueblo porque aún no hemos visto los andenes. Llegamos a golpe de 4 p.m., el sol está por marcharse y aunque el hambre aprieta, preferimos recorrer primero la andenería para apreciar el paisaje con las últimas luces de la tarde. Dicho sistema agrícola se remonta al pre-incaico. Perteneciente a la cultura Laraw, los andenes están dispuestos en forma de ‘U’ con pendientes de 30 a 40 grados y un desnivel de casi 200 metros. Los cultivos de maíz, oca, habas, cebada y papa destacan como los principales hasta nuestros días.

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Para leer la crónica completa, adquiera su revista Automás 233

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