En la tierra de los Chankas

Andahuaylas, pradera cobriza del sur de Perú, es nuestro destino último. En el camino, campos de quinua y bosques de nubes nos endulzan la mirada. En esta ocasión visitamos la laguna de Pacucha y el complejo arqueológico Sondor y, además, pasamos a dejar una florcita en la tumba de nuestro eterno José María Arguedas.
Texto y fotos: Karina Valcárcel

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Acá estamos, nuevamente a punto de salir por la Panamericana Sur, prestos a la aventura. Nos dirigimos a territorio Chanka, nombre de una cultura que abarcó las actuales Apurímac, Huancavelica y Ayacucho entre los 1200 a 1440 después de Cristo. Nuestro propósito es llegar a Sondor, un lugar cuya mística y energía atrae a turistas locales y extranjeros año a año. Es así que avanzamos por la longitudinal de la costa, despidiéndonos del mar y sus aves, dejando atrás la humedad de nuestra capital para entregarnos a ese viento seco de la serranía. Atravesamos Cañete y, 237 kilómetros después, viramos en Pisco con dirección este. Nos vamos por la PE 28 (Libertadores Wari), cruzando Humay, Huancano, Casacancha y Cusibamba, son aproximadamente 6 horas o 337 km desde Pisco hasta el desvío Ayacucho-Andahuaylas. Tomamos la carretera PE 3S, una vía totalmente asfaltada que cuenta con servicios básicos para la ruta. Hasta aquí, no hay mayores complicaciones. El paisaje es muy vistoso y nos detenemos en varios tramos a capturar las pampas y los horizontes coloreados por la luz del atardecer. En el kilómetro 683 de la 3S nos topamos con un mirador natural de nubes y nevados, estamos a 4065 m.s.n.m. y hemos decidido bajarnos de nuestra fiel Mitsubishi Montero Sport para apreciar el sutil espectáculo: un colchón de cúmulos que flotan suavemente y que podemos percibir desde una perspectiva similar a la que te da un viaje en avión. Vale la pena detenerse, aunque esté comenzando a oscurecer y el frío empiece a escarapelarnos el cuerpo.

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Llegamos al centro de Andahuaylas al anochecer. Alrededor de la plaza han crecido restaurantes y bares, incluso en uno de los locales llama la atención un cartel que promete función de cine. Hay mucho movimiento, las avenidas principales también lucen llenas y circundadas por hostales, tiendas y galerías. Estamos, sin duda, en una ciudad emergente, que busca además potenciar su aspecto cultural, dado que se ha hecho énfasis en la figura de nuestro querido escritor José María Arguedas quien nació y vivió hasta los 4 años de edad en este lugar.

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Al día siguiente nos enrumbamos a Sondor. Partimos a las cinco de la mañana para aprovechar la estadía. Retomamos la 3S y a pocos kilómetros nos toca abandonar el asfalto para transitar por una carretera de tierra afirmada, lo cual no es problema para nuestra Mitsubishi Montero Sport. Entramos por San Jerónimo y nos dirigimos al distrito de Pacucha. En su plaza, uno de los pobladores nos pide un aventón, está yendo a visitar a su madre y no encuentra colectivos que lo lleven hasta Sondor. No es de extrañarse, ni en el ascenso ni en el descenso encontramos presencia de transporte público. Es una vía un poco complicada, que no cuenta con la señalización suficiente, algo en lo que tendrán que reparar los responsables de la puesta en valor de este sitio arqueológico. Aceptamos la compañía del pequeño hombrecillo ya que además conoce mejor que nosotros la ruta de acceso. En el camino nos cuenta que desde hace 19 años se realiza en el pueblo la fiesta del ‘Sondor Raymi’ la cual tiene lugar en el mes de junio y que consiste en una escenificación de la lucha entre los chankas y los incas. ‘Salen de la laguna, como nuestros ancestros’ nos dice; se refiere a la representación de la leyenda de Usco Uillca –padre de la cultura Chanka- y Cusi Coyllur, ambos hijos del agua, que emergieron de las lagunas Choclococha y Urcococha, situadas en Huancavelica. En otra versión se dice que de la primera laguna en mención salieron tres hombres y se repartieron el territorio entre Huancas, Pokras y Chankas. Avanzamos con la camioneta por el contorno de la laguna de Pacucha a la cual retornaremos a nuestro descenso, 21 kilómetros después -5 kilómetros desde la plaza de Pacucha- por fin nos encontramos en el acceso al sitio arqueológico.

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ESCALERA AL CIELO
Una hora nos ha tomado llegar hasta acá. Nos despedimos de nuestro nuevo amigo quien llegará a tiempo al encuentro con su madre. Afuera hace frío, estamos a 5° C y las nubes parecen estar algo enojadas. Dejamos nuestra camioneta y empezamos la caminata por el lugar. Repasemos: el sitio arqueológico de Sondor –lugar de uso ceremonial donde se asentaron los chankas- se halla en la sierra central de Perú, departamento de Apurímac, provincia de Andahuaylas y distrito de Pacucha, en la zona se encuentra la laguna homónima al distrito. El acceso a Sondor se divide en los sectores Wayranapa Muqu – localizado al oeste del complejo- y Puka Raqay, que está sobre una ligera colina al sur oeste. Wayranapa Muqu está conformado por tres terrazas superpuestas que se orientan con dirección sur a norte; entre estas se hallan estructuras rectangulares. Este sector tuvo función agrícola y de observatorio. En cuanto a Puka Raqay, fue un conjunto habitacional de estructuras rectangulares dispuestas en un patio central formando una cancha, se ubica al norte del valle de Huayqon y tiene una vista preciosa. Atravesamos a pie el denominado sector Sondor y el sector Puka Corral, uno de los más vistosos del complejo, comprendido por un conjunto arquitectónico rodeado por tres terrazas al lado norte, la terraza intermedia presenta detalles arquitectónicos de siete nichos de formas trapezoidales. En su terraza inferior se realizaban sacrificios.

Ahora se viene lo bueno. Estamos en el sector Muyu Muyu, de lejos parece una pirámide escalonada, se trata de una loma alta rodeada por ocho terrazas artificiales, en medio se abre paso una escalera por la cual nos disponemos a ascender. La luz solar todavía no se presenta, corre un viento helado. Ingresamos por un acceso de doble jamba, este tipo de entrada se repite en la séptima terraza. En el camino nos percatamos de la presencia de apachetas o saywas, probables ofrendas a la Pachamama de visitantes que nos antecedieron. No representa una gran empresa el subir, pero dado el frío y la altura nos toma cerca de veinte minutos entre parada y parada para recuperar el aire. Una vez en la cúspide, encontramos un recinto de forma circular rodeando a dos bloques de piedras. Todo el valle se abre ante nuestra mirada, es cierto que uno se carga de una energía especial, será la satisfacción de haber llegado a la meta o será ese misticismo de nuestros antepasados obrando misteriosamente.

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ESPEJO DE AGUA CON PATOS
Ubicada a 3,200 msnm, con un área de 754 hectáreas y profundidad de 30 metros, la laguna de Pacucha se extiende como un enorme espejo de agua cuyo perímetro total alcanza los 13 kilómetros. Desde lo alto de Sondor se le puede apreciar íntegramente, empezamos el descenso en camioneta para verla de cerca. El sol es nuevamente nuestro amigo y para cuando llegamos a las orillas, el cielo azul clarito se refleja en las breves ondas de la laguna. Cabe destacar que se le considera como uno de los principales atractivos turísticos de la zona. Respecto a su temperatura, tiene una mínima de 15° C en junio y julio y la máxima es de 19° C de marzo a abril. Está rodeada de totorales y pastos altos, entre lo cuales se pueden avistar diferentes aves, nosotros logramos ver algunos patos muy exóticos que también nos miran de reojo. El paisaje presenta bosques de eucaliptos y cultivos agrícolas.

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Es ideal para dar un paseo en bote, realizar el circuito en bicicleta o tan solo caminar y caminar olvidándose del tiempo. Toda la mañana y parte de la tarde se nos fue en esta visita. Ahora toca volver a la ciudad, nos falta hacer algo antes de irnos.

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Son las tres de la tarde cuando llegamos a la tumba de ‘El taita’ Arguedas, la cual está en un complejo monumental ubicado en el centro de la ciudad donde -además de la lápida con la inscripción ‘Llaqtaypiñam Kachkani’ (‘por fin descanso en mi tierra’)- se ha levantado una estatua dorada del escritor de todas las sangres. Le ofrendamos una flor silvestre y vamos a buscar su casa de infancia.

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El lugar que acogiera a Jose María entre los 6 meses y 4 años de edad se halla en el barrio de Quischcapata o Morro de Espinos, subimos por la callecita que parte desde la plaza y llegamos al 302 del jirón Teófilo Menacho, antes llamado Gonchopata o Calle de Borra. El recinto ocupa toda una esquina y sus paredes de adobe con base de piedra parecen la piel tullida de un animal que reposa; en uno de sus lados un pequeño balcón de estilo colonial y coronando, un precario techo de vigas de madera, barro y carrizo que se encuentra revestido de tejas. La municipalidad ha señalizado el sitio con dos carteles de madera en los que se lee el rótulo ‘Casa Arguedas’.

Nuestro corazón está contento, late alegre y rojo como la flor del pisonay. Hemos cumplido con todas las visitas que teníamos planeadas. Es una tarde cálida en Andahuaylas.

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