Tierra generosa

De Huaca Rajada a Chaparrí, Lambayeque ofrece una propuesta variada para el turismo y la aventura. En esta edición de Perú Descubre recorrimos la larga ruta hacia el norte peruano para visitar las Tumbas Reales del Señor de Sipán y una reserva ecológica donde se resguarda la permanencia de nuestro oso andino de anteojos.

Escribe: Karina Valcarcel

Esta vez partimos por la tarde. Son las trece horas y treinta minutos cuando salimos por Ventanilla para tomar la Panamericana Norte. Qué distinto puede ser el panorama vehicular según la hora elegida para salir de Lima. El tránsito se aletarga por la presencia de tráilers, vehículos de uso particular y público y hasta algunos mototaxistas se nos cruzan por el camino. Pero con paciencia plena y a pesar del sol (que se niega a cederle el paso al otoño) hemos de atravesar nuestro primer peaje con el entusiasmo de sabernos prontos a la aventura.

Atravesamos Caral, Huarmey, Casma, Chimbote y decidimos pasar la noche en Trujillo, no solo porque es un viaje largo –nueve horas sin parar nos ha tomado llegar a La Ciudad de la Eterna Primavera- sino además por prevención, ya que durante la tarde nos tocó ser testigos y denunciantes de un asalto a mano armada en la carretera y nos llegó la noticia de que rumbo a Chiclayo se había producido otro robo. No está de más, querido lector, estar al tanto de esta realidad y recordar que la noche es siempre un poco menos conveniente para el viaje en autopista. Guardar en el móvil los números telefónicos de la Policía Nacional es algo que podría usted hacer terminando de leer este párrafo. Fuera de dicho impase, la Panamericana Norte no presentó mayores problemas ni dificultades, es casi como transitar sobre un llano.

Por la mañana salimos temprano de Trujillo a Chiclayo, tres horas después ya estamos en la plaza prestos al desayuno. Son las nueve y media de la mañana y hace tanto calor que podríamos freír un huevo en la vereda.

UN DESCUBRIMIENTO QUE NO DEJA DE ASOMBRARNOS

Para este primer día tenemos planeado conocer el Complejo Arqueológico ‘Huaca Rajada’ lugar donde se halló la tumba del Señor de Sipán y toda su dinastía. Para llegar hasta este punto se deberá recorrer 35 kilómetros al sureste desde el Centro Histórico de Chiclayo hasta llegar al distrito de Saña. Salimos por la carretera que va a Chota y que atraviesa Pomalca, Tumán, Patapo y Chongoyape, una ruta rodeada de sembríos de caña en una zona caracterizada por ser rica en recintos arqueológicos. A diez kilómetros de camino encontrará el desvío a Huaca Rajada. Señal de que va bien será cuando atraviese el puente Saltur sobre el río Reque. En líneas generales la pista se encuentra en buen estado y bien señalizada, salvo por el último tramo comprendido por una red de caminos industriales hechos por los hacendados en los años 50; lamentablemente ,este asfalto no ha recibido mantenimiento alguno y se encuentra casi minado por los baches. Sorteamos los forados con nuestra Mitsubishi Montero Sport y entramos por una trocha breve. Al fin hemos llegado. El celeste intenso de un cielo detenido nos da la bienvenida. Un gran montículo de tierra dividido en dos forma parte de la postal. La estructura de Huaca Rajada comprende un grupo de edificaciones de adobe, sobresalen dos construcciones monumentales o pirámides truncas y una plataforma funeraria hacia el este. Desde la cima se puede contemplar el valle.

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Del Señor de Sipán todos sabemos algo, si quiera un poquito, ya fuera porque lo aprendimos en el colegio o porque lo vimos en las noticias, allá en los años ochenta, cuando se hizo tan importante hallazgo. Pero sin duda, alguien que sabe muchísimo más que cualquiera de nosotros es Luis Chero, actual director del Museo de Sitio y además uno de los arqueólogos que estuvo en el instante preciso del descubrimiento y que trabajó junto a Walter Alva en todo el proceso de recuperación. Luis nos recibe amablemente, con una sonrisa de oreja a oreja y nos empieza a narrar la historia como una anécdota increíble. “Nosotros llegamos acá, a Huaca Rajada, el 29 de marzo de 1987 a consecuencia de que en febrero unos huaqueros habían saqueado una tumba, que resultaría ser muy importante. En ese entonces saquearon la plataforma funeraria. Antes de que llegaran los arqueólogos, intervino la policía, decomisando unos objetos entre los que estaban unos maníes de oro, pecheros y máscara felínicas. A raíz de estas evidencias, el equipo de arqueólogos conformado por el doctor Walter Alva, Susana Meneses y yo, estuvimos viniendo de febrero a marzo constantemente y conseguimos financiamiento del patronato de cultura de Lambayeque para comenzar la excavación”, cuenta.

En aquella época el sitio era constantemente huaqueado, una de las tareas del grupo de arqueólogos e investigadores a cargo fue sensibilizar a la población para desarrollar con éxito sus tareas. Lo primero que hicieron fue una reconstrucción sobre la zona erosionada. “Hicimos el registro gráfico de lo que encontrábamos, –continúa Chero–. Después de eso nos fuimos a limpiar el pozo de los huaqueros, de lo que habían destruido. Era un pozo bastante profundo donde encontramos máscaras, coronas, pectorales, etc. No hallamos osamenta ni mucha cerámica, pero esto nos daba la evidencia de que se trataba de la tumba de un personaje muy importante”, dice.

Posteriormente, iniciaron la excavación en la parte central, en lo más alto de la plataforma funeraria. Lo primero que encontraron fue un repositorio de cerámica, 1,220 piezas aproximadamente, el mayor repositorio de América Andina y muy cerca estaba la tumba del Señor de Sipán. La cerámica fue importante por ser ofrendas para el personaje, pero no fue de gran calidad en cuanto a motivo o acabados. Caminamos hasta la plataforma funeraria, aquí encontramos recreaciones de las tumbas halladas y piezas principales. “Aquí, sobre el guardián, habían vigas de algarrobo”, señala Luis. “Luego viene la tapa del ataúd, las abrazaderas que soportan la tapa superior del ataúd de madera también de algarrobo con 1,700 años de antigüedad aproximadamente. Una vez que retiramos esto encontramos las primeras capas con objetos de cobre, mango de porras, escudos, las primeras piezas de oro. Mediante la metodología de los cernidores fuimos recuperando estos vestigios tan pequeños. La restauración se hizo en Alemania, porque en los años 87 y 88 no había conservadores en Perú, ni se sabía qué era eso. Entonces los alemanes fueron los que hicieron este trabajo sin costo para el Estado Peruano, en base a un convenio. Después de la conservación se develaron los personajes en cobre dorado”, explica. La tumba tenía 14 niveles, una profundidad de 60 centímetros para un área de 2 metros por metro y medio, se demoraron cerca de un año excavando. “El problema fue que no había una metodología para excavar una tumba de esta naturaleza, lo que hicimos nosotros fue crear la metodología para la recuperación”, destaca Luis.

Además del sitio arqueológico, podrá visitar el Museo de Sitio Huaca Rajada – Sipán, donde se encuentran los restos originales del Señor Guerrero, el Sacerdote Guerrero y el Noble Guerrero, todos ellos figuras tan importantes como el Señor de Sipán. “El Viejo Señor –otro de los personajes hallados en las tumbas fue un personaje importante, vivió en el año 300 y organizó todo el apogeo de los sipanes, que desaparece con la muerte del señor de Sipán, en el año 668 D.C. El Viejo Señor fue el arquitecto, el gran constructor. Desde Pampa Grande hasta Pomalca organizó y unificó el valle. Se identificaron además otros personajes, como el Sacerdote Guerrero. Todas las dinastías fueron igual de importantes”, concluye el arqueólogo.

Visitar Huaca Rajada nos ha tomado toda la mañana y más de la mitad de la tarde. Combatimos la fatiga con pacay, mamey y mucha agua embotellada. Para completar la experiencia es necesario visitar además el Museo Tumbas Reales que alberga los restos óseos originales del Señor de Sipán, así como los de El Viejo Señor, dos generaciones reunidas que representan el principio y fin de tan importante legado. Nuestra travesía del primer día concluye con un almuerzo de medianoche. Hoy no hemos podido parar, pero ya frente a un generoso plato de arroz con pato y un vasito de chicha de jora, nos sentimos reconfortados y nos sentamos a recordar con gratitud la jornada.

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Montaña sagrada

Hoy nos toca internarnos en el bosque. Es con este propósito que nos dirigimos a la Reserva Ecológica de Chaparrí, a 73 km de Chiclayo con dirección Este, como quien se va a Chongoyape, que es el centro poblado más cercano a la reserva. La carretera hacia Chongoyape es la ruta 6A, la cual se conserva en buen estado. En el camino se pasará cerca al reservorio de Tinajones en el cual se puede hacer opcionalmente una parada para tomar fotografías del bello paisaje que obsequia. La senda que nos conduce a nuestro destino está bordeada de campos de arroz, cebollas y uvas. En cuanto más avanzamos, más cambia el paisaje, como si en lugar de estar en la costa nos encontráramos en un verde paraje de la sierra. A los 62 km de viaje se encuentra el desvío para ingresar al área protegida, de ahí en adelante una trocha dura nos espera, lo cual nunca resulta ser un problema para nuestra Mitsubishi Montero Sport. A pocos minutos del ingreso en auto nos detenemos en una pequeña casita para realizar el pago respectivo por derecho a entrada, tener en cuenta que solo pagan los pasajeros mas no el chofer. Para visitar Chaparrí se tienen que realizar algunas coordinaciones previas que detallaremos en la hoja de ruta. Por lo pronto, es bueno que sepa que detodasmanerasnecesitaráunguíaparaaccederallugar.

Al llegar a la entrada del circuito a pie aprovechamos para echarnos bloqueador y cargar nuestras botellas con agua, nos espera una larga caminata y es mejor prevenir. Chaparrí es un área de conservación privada de 34,412 hectáreas, está situada en los bosques secos del norte de Perú, que debido al Fenómeno del Niño no lucen muy secos que digamos, ya que el clima se ve alterado por constantes lluvias que han hecho reverdecer lo que normalmente sería un paisaje árido. Es además el hogar de una variedad de vida silvestre que incluye especies amenazadas como el oso andino, el cóndor andino, la pava aliblanca, entre otras.

“Contamos con un centro de rescate, donde se han cercado varias áreas del bosque para que los osos que son encontrados por la autoridades tengan espacios de readaptación para luego ser liberados”, nos cuenta Heinz Plenge, destacado fotógrafo y dueño de la reserva. “El oso ha sido uno de los animales más perseguidos y cazados, vive en Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Ahora en Chaparrí es donde existe la población más densa de osos en toda Sudamérica”, continúa. Además, Chaparrí es un centro de investigación científica dedicado a los ecosistemas del bosque seco y a las especies que lo habitan.

Una cadena montañosa llamada ‘Cerro Chaparrí’ es la que le da nombre a la reserva. Nos cuentan los lugareños que fue considerada sagrada por los Mochica y lo sigue siendo para los chamanes de la zona. Empezamos el trekking uniéndonos a un grupo de estudiantes españolas que han venido a conocer el lugar. Nos reciben dos huerequeques, un ave que pese a ser característica de este lado, no es muy fácil de avistar. “Es una señal de suerte”, nos dice la guía. El recorrido en total es aproximadamente de hora y media a pie, le dará la oportunidad de encontrarse con numerosas y coloridas aves, serpientes, tapires, sapos, peces y, evidentemente, lo que no podía faltar: osos. En nuestra visita podemos ver a dos de ellos en el área protegida. Una vez que se readapten al hábitat y se encuentren listos para su reinserción al bosque, serán liberados. La vegetación es tupida y predomina la presencia de árboles como el faique, el algarrobo y los zapotes.

Desde lo alto de la montaña vemos a lo lejos, diminuto como una coma, el lugar desde donde partimos. Un momento de silencio nos une a todos en ese instante, un silencio que da paso a la voz de la naturaleza, compuesta de trinos, ramas y viento.

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