ROAD TEST

MERCEDES-BENZ GLC 200 COUPÉ 2020 2019

(All New)
Noviembre 2019
Por: Tito Maruy

Máxima calidad

Ni bien llegamos a Divemotor, representante de Mercedes-Benz en Perú, nos encontramos con nuestra cita de hoy, la flamante GLC 200 Coupé, y como nos pasó con su hermana mayor, la GLE 400 que probamos hace algunas ediciones, tuvimos sensaciones encontradas. ¿Es una SUV o un cupé? En nuestro acartonado parámetro divisorio de los segmentos automotrices, no encaja. ¿Es una SUV con colita de cupé o es un cupé con esteroides y cuerpo de SUV? Difícil respuesta.

Lo real es que sensaciones aparte, tenemos frente a nosotros un producto 100% Mercedes-Benz, con la calidad y tecnología a las que nos tiene acostumbrados la marca de Stuttgart. Podemos seguir discutiendo si es una SUV o un cupé, pero lo cierto es que resulta atractiva por donde uno la mire. La GLC Coupé brinda la sensación de que es más ligera que su hermana melliza, la GLC SUV, que es una SUV sin ninguna duda. Esta es más estilizada, sin ser por ello más delicada. Esta versión 2020 es un facelift de la versión estrenada en 2016, que reemplazaba a la serie GLK. Además, para hacerla más interesante, “nuestra” cupé venía con el paquete AMG tanto en el exterior como en el interior.

Las miradas en la parte frontal caen en el enorme emblema central de la máscara, bordeado de molduras en aluminio satinado que aparenta ser —me parece— la silueta de un avión caza de la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de la máscara de serie, esta tiene salpicados pequeños insertos hexagonales de color aluminio que asemejan estrellas en un firmamento oscuro, redondeando aun más la idea del avión caza. Los faros LED de dimensiones correctas equilibran bien el frente. Bajo estos, unas falsas tomas de aire con rejillas custodian un generoso mascarón inferior con un falso patín en símil aluminio satinado.

El balance estético del frente es bueno. Toda el área frontal es de dimensiones “reducidas”, lo que ayuda a estilizar las formas. La línea de cintura a media altura es bastante recta; una línea de falda en cuña ligera que converge en la nervadura de medio cuerpo del parachoques posterior. La compuerta, porque funciona como la de una SUV, así como toda la parte posterior, cierra con mucha clase y elegancia el conjunto. Con el paquete AMG, grandes estribos en aluminio corren bajo las puertas en reemplazo de la simple moldura negra, así como los enormes aros de 20” con neumáticos 255/45 R20 para delante y 285/40 R20 para atrás. La mayor característica es, obviamente, la pronunciada caída del techo desde el poste “B” hacia el poste “C”, sino no lo llamarían cupé. Pero a pesar de esta, el espacio interior no se ve tan comprometido como parece a simple vista.

Con unas medidas de 4.73 m de largo, 1.89 m de ancho y 1.60 m de alto, y una distancia entre ejes de 2.87 m, la GLC 200 Coupé estaría dentro de lo que podríamos llamar una SUV compacta en camino a mediana. Es como una Porsche Macan o una BMW X4, si la comparamos con otros modelos premium.

El interior es de gran calidad, salvo por algunos detalles en plástico duro que son los menos, felizmente. Las butacas deportivas AMG tapizadas en eco-cuero son muy cómodas, con buen soporte lateral; el tablero blando de diseño simple sin sobrecargas, es elegante. La pantalla de 10.25” dispuesta sobre las ventilas centrales del aire cual tablet que uno dejó olvidada en el auto, no se esconde ni se pliega como en otras marcas premium, aunque se está volviendo usual que no lo haga. La pantalla funciona como guía del infoentretenimiento, monitor para las cámaras delantera y trasera, testigo multifunción para operaciones como detectar objetos alrededor del vehículo, mapas, buscador de contactos y un largo etc.

Con el nuevo sistema MBUX puedes controlar a través de tu voz varias funciones. Comienzas con un “Hola Mercedes”, a lo que una voz femenina te responde “¿Si?”, a secas (creo que estaba de mal humor). “Pon 102.1”, y automáticamente cambia la estación de radio que estaba reguetoneando (disculpas si no se escribe así, esa palabra no está en mi diccionario) para escuchar a Bryan Adams decir que los mejores días de su vida fueron los del verano del 69... La consola central es amplia, libre de palancas, ya que el freno de mano es eléctrico comandado por un botón a la izquierda bajo la perilla de luces, y la palanca de cambios está en donde comúnmente estaría la de los limpiaparabrisas. Al centro, en donde antes había una gran perilla para comandar la información de la pantalla, ahora hay un touch pad algo complicado de usar (soy de otra generación). Eso sí, me gusta bastante más el cambio de las molduras de la consola, que pasaron de un black piano, ese color negro ultrabrillante muy elegante pero difícil de mantener limpio, a este que asemejan paneles en ébano mate.

Los sobrios colores en el interior, los asientos de los pasajeros con banqueta baja, colaboran a crear el espacio necesario para no golpearse la cabeza con lo pronunciado de la caída del techo hacia el poste “C”. El espacio para las piernas es justo, ni sobra ni falta; el cojín del asiento central es algo más elevado que en los laterales, pero deja acomodar sin problemas al quinto pasajero. Los respaldos de los asientos se abaten 60/40, ampliando la maletera de 500 a 1,400 litros. Tomando en cuenta que la apertura de la compuerta es tipo SUV, la boca de ingreso de bultos es más que amplia para cualquier cosa que uno quiera transportar.

La butaca del conductor es con regulación electrónica de altura e inclinación del respaldo, pero el desplazamiento horizontal es manual. El timón multifunción es del tipo “D shape”, plano en la parte baja, de dimensiones más que correctas en diámetro, ancho y forma de la empuñadura. La regulación de altura y profundidad permiten, en combinación con las del asiento, lograr una posición de conducción muy cómoda. Me sorprendió lo retrasado que uno puede colocar el asiento, tanto que no llegaba a los pedales y menos aún a pulsar el botón de arranque.

Todos los componentes de la Mercedes-Benz GLC 200 Coupé denotan mucha clase y elegancia.

Línea roja, por favor no modificar

Bueno, en la posición correcta, pisas el pedal de freno y pulsas el botón de arranque. El motor de 4 cilindros, 2.0 litros, turbo con intercooler, prende a la primera sin ninguna dificultad; con el pie en el freno aún, levantas la palanca del lado derecho detrás del timón, el testigo en el tablero pasa a “R” y la cámara de retroceso en la pantalla central se activa. En forma conjunta se desactiva el freno de mano eléctrico y estamos listos para ingresar a la pista.

Saliendo de la cochera todos los sensores de distancia se activan y la imagen a la izquierda de la pantalla te muestra en un vehículo en planta lo cerca que estás de la pared frontal y del auto estacionado a tu lado mientras retrocedes envuelto en un conjunto de señales auditivas y testigos cambiando de color en la pantalla. Lo que puede parecer un caos, es sin duda la mejor demostración de algunos de los sistemas activos de ayuda a la conducción en funcionamiento. Nuevamente palanca, ahora hacia abajo, y el testigo en “D” te confirma que esta vez irá hacia adelante.

El motor de 197 hp y 320 Nm de torque funciona a las mil maravillas. Es lo suficientemente potente como para llevar los 1,820 kg secos de la GLC Coupé hasta el límite de velocidad en carretera como jugando y más allá, con la ayuda de la caja de cambios automática 9G-Tronic de 9 marchas. Y hablando de límites, una vez que salimos de Divemotor bajando hacia Tomás Marsano con el tráfico diario de antes del mediodía, ingresamos raudos a la avenida por delante de un enorme bus de transporte público. Una vez dentro, la Coupé dejó de acelerar y comenzó a bajar la velocidad delante del Goliat del transporte público. Apreté a fondo el acelerador y resucitó, aventajé nuevamente al bus, levanté el pie del acelerador y nuevamente comenzó a desacelerar sin que pudiera hacer nada mientras con un claxon de barco el amable chofer me pedía que me quitara del medio, que tenía que aplastar a algunos peatones que cruzaban la avenida Angamos en el semáforo. Logré orillar con la ayuda de Dios, apagué el vehículo y me puse a pensar qué podría haber pasado. Se me ocurrió revisar el limitador de velocidad y vi que estaba regulado a 20 km/h, una buena idea para evitar que en la tienda algún vendedor con la excusa de estacionarlo se vea poseído por el espíritu de Niki Lauda y lo lleve más allá de los límites permitidos. Sin duda, el limitador de velocidad funciona increíblemente bien.

Es un producto 100% Mercedes-Benz, con la calidad y tecnología a las que nos tiene acostumbrados la marca de Stuttgart.

Línea roja, por favor no modificar

El balance y la maniobrabilidad son siempre puntos a favor en un Mercedes-Benz y la GLC 200 Coupé no es la excepción. Va muy bien en lo derecho y al doblar no solo la transmisión integral 4Matic ofrece una estabilidad extrema, sino que las ayudas a la conducción complementan bien el accionar, como el control de estabilidad, de tracción, frenos con ABS y EBD.

El Dynamic Select te permite optar por 5 niveles de conducción (Eco, Confort, Sport, Sport+ e Individual), cambiando los parámetros de la caja de cambios y par del motor según la que escojas. Conducirla es realmente un placer inclusive montada con los neumáticos de perfil ultra bajo que trae el paquete AMG. La absorción de desniveles es buena y las irregularidades extremas como baches u ojos de gato si bien se transmiten hacia el habitáculo, nunca llegan a hacer colapsar la suspensión. Con 10 airbags si es que conté bien, es una de las mejor equipadas en este rubro, no por nada tiene 5 estrellas en las pruebas de NCAP.

Realmente no hay mucho que criticarle a un Mercedes-Benz; el precio podría ser, pero el que se acerca sabe a qué está yendo. Con un precio base un poco menor a los US$ 75,000 y unos US$ 5,000 por el paquete AMG —es lo que calculo a ojo de buen cubero, pero es mejor ir y preguntar en la tienda— usted tendrá en sus manos un vehículo igual a este que probamos y que nos ha gustado mucho, a mí y a la portátil. Pero no nos crea, vaya, pruebe y decida; además, tiene 3 años de servicios de mantenimiento gratis.

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