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Desbordante

Amazonas
Por: Karina Valcarcel

Gocta y Revash

Amazonas quizá sea una de las zonas más privilegiadas de nuestro país en cuanto a riqueza natural, arqueológica e histórica. De las tantas opciones por explorar hemos elegido para la crónica de hoy conocer Revash y Gocta, en un viaje de alta exigencia física que dejará huella indeleble en la memoria y el corazón.

La ruta es hasta cierto punto similar a la que emprendimos para Kuélap (Automás 241). Larga, es cierto, pero sin mayores inconvenientes en la Panamericana Norte. De Lima a Trujillo serán ocho horas y media en un manejo de pocas paradas, de manera que si partes a las 5 de la mañana evitarás el tráfico usual a la salida de nuestra capital y podrás disfrutar de la deliciosa comida norteña para un almuerzo a golpe de una y media o dos de la tarde. Un tramo de 557 kilómetros que atraviesa Huacho, Barranca y Chimbote, paisaje costero al que estamos habituados. Cuatro horas o 204 kilómetros después llegaremos a Chiclayo, siempre por la 1N. Acá pasaremos la noche.

CAMINO A REVASH
Comenzamos el segundo día de viaje con radiante luz del sol, nos alejamos de la costa para encaminarnos al pueblo de San Bartolo, distrito de Santo Tomás, provincia de Luya; siempre a bordo de nuestra compañera de ruta, la Hyundai Santa Fe, que viene haciendo de este viaje una cómoda experiencia. Manejamos por la carretera Fernando Belaunde Terry con dirección a Olmos. En Motupe seguimos por la antigua Panamericana Norte para tomar la ruta 3N que nos llevará a través de Pucará, Chiple y Bagua Grande. Desde ahí seguiremos por la 5 N, al paralelo del curso serpenteante del río Uctubamba.

El plan para hoy es visitar los mausoleos de Revash. Para aprovechar el tiempo al máximo y lograr la visita habrá que partir desde Chiclayo entre las 4 y 5 de la mañana, ya que el trayecto de hoy (499 km en auto y 2 km a pie) nos tomará al menos 9 horas de viaje. Cruzando Cajamarca y entrando a Amazonas el clima adquiere esa sensación tropical que nos abrillanta la piel. Es hora de ponerse el repelente –previniendo las paradas fotográficas que exige la ruta- y dejarse abrazar por el camino cálido y vaporoso de la selva amazónica. Las vías se hallan en buen estado. La señal telefónica desaparece y regresa generalmente cuando se atraviesa centros poblados. Es recomendable abastecerse de agua y alimentos no perecibles.

El último tramo para llegar a San Bartolo es trocha, menuda tarea para nuestra Santa Fe. Son poco más de las dos de la tarde y el día es claro, el sol tiene para rato. San Bartolo es un pueblo pequeño y tranquilo. La distribución típica de plaza central e iglesia, una sola bodega en los alrededores. No tarda en aparecer un señor que nos ofrece el guiado (ver inserto). Hace pocos años se implementó el servicio de turismo rural comunitario, proyecto que busca la identificación y el beneficio de los pobladores de las zonas aledañas a los mausoleos, con el patrimonio que los circunda.

CONSTRUCCIONES FUNERARIAS
Emprendemos así la caminata, ejercicio que nos servirá de preparación para lo que viene más adelante, en los días siguientes de esta travesía. Avanzamos a pie por un camino de piedra, entre las viviendas de adobe y madera; patos, pollos, cerdos y caballos componen la fauna doméstica del lugar. Árboles de calabaza y coloridas flores adornan el paisaje. Son dos kilómetros hasta llegar a los miradores desde los cuales avistaremos los mausoleos.

Algo que caracterizó a los Chachapoyas fue lo peculiar de sus construcciones funerarias. Sepulcros en forma de sarcófagos y mausoleos que subsisten hasta nuestros días. Del primer tipo quizá los más populares sean los de Carajía, ubicados también en Luya. Entre los mausoleos, destacan los de la Laguna de las Momias, los de Ochín y los de Revash, los cuales conoceremos esta tarde.

Motivos decorativos simbólicos predominan en las paredes de las construcciones, destaca el uso del color rojo, empleado para trazar figuras de felinos, camélidos y antropomorfas.

Línea roja, por favor no modificar

Los mausoleos Chachapoyas en general estaban destinados a albergar numerosos cuerpos, y en el caso particular de Revash, los de personajes que en vida tuvieron algún prestigio o poder. Quizá por ello fueron llamados ‘mansiones funerarias’. La altura promedio de estas construcciones no sobrepasa los dos metros de alto.

Revash no presenta influencias culturales Inca, más bien se asemejan a las chullpas del período Tiahuanaco-Huari. Semejantes a pequeñas casas, forman en conjunto pueblos en miniatura, los cuales se han conservado gracias a la protección que les brinda el hecho de estar guarecidos por un abrigo rocoso. Es esa condición lo que además hace posible su preservación, acceder a los mausoleos es –por decir lo menos- dificultoso.

Estamos a 2,800 m.s.n.m. De un lado tenemos una vista espectacular del cielo y las montañas y por delante, un camino que se torna resbaloso y empinado. Es tentadora la posibilidad de quedarse a contemplar el paisaje, pero hay que prestar mucha atención al lugar donde se pisa para evitar accidentes. Nos preguntamos ¿cómo habrán hecho los Chachapoyas para levantar los mausoleos en un lugar que parece tan imposible?

Motivos decorativos simbólicos predominan en las paredes de las construcciones, destaca el uso del color rojo, empleado para trazar figuras de felinos, camélidos y antropomorfas; así como representaciones en forma de T, círculos concéntricos, cruces y rectángulos. Los techos varían de una a dos caídas. La base se intuye rectangular. Las cámaras cuentan con ingresos laterales y ausencia de pared posterior, siendo la montaña la responsable de cumplir dicha función. En total nos ha tardado una hora y algunos minutos llegar hasta el ángulo que nos permite ver los mausoleos. Nos quedamos un rato para las fotos de rigor, contentos y asombrados disfrutamos del primer ‘fruto’ de nuestro largo viaje.

Volvemos a la plaza de San Bartolo para retomar la ruta con dirección norte y pasar la noche en Chachapoyas, lo que suma 83 km más a nuestro recorrido y que nos toma un par de horas, entrando por la variante de Limón-Punta.

LARGA Y LÍQUIDA CABELLERA
Ambiente topográficamente cordillerano, de escarpadas laderas cubiertas por exuberante bosque tropical y tupido monte, Amazonas presenta densas neblinas, intensas precipitaciones pluviales y un total de cinco tipos climáticos en el área. Quizá por ello se le llamó ‘El reino de las nubes’. Hoy toca explorar uno de sus atractivos naturales más emblemáticos: las cataratas de Gocta.

Para ello es necesario que sepas que lo que te espera no es fácil. Son 10 kilómetros a pie -sumando ida y vuelta- para llegar a la base de la segunda de las caídas de agua. Nosotros lo hicimos en 6 horas. ¿En cuántas lo harás tú?

Pero primero, lo primero. Volvemos a la carretera, rumbo a Cocachimba, por una vía asfaltada casi en su totalidad. Una hora o 43 kilómetros en total. Aquí desayunaremos y haremos el pago por derecho a ingreso. Lo elemental: necesitarás de todas maneras una muda completa de ropa, bloqueador, lentes de sol, repelente y una botella de agua o alguna bebida rehidratante, algo que no sea muy aparatoso de llevar contigo. Mi recomendación personal es no llevar niños a este viaje, no solo porque implica un esfuerzo físico notable, sino además por la existencia de abismos en el camino.

Iniciamos la bella y ardua tarea de acudir a la base de la cascada. Todo a nuestro paso es verde y tiene vida. Pequeñísimas orquídeas salpican sus colores entre la vegetación: azul violáceo, magenta, amarillo. Plantas de café también nos muestran sus rojos granos. El trino de algunas aves que no llegamos a avistar nos acompañan, es la canción de la naturaleza que nos da la bienvenida. Mariposas verdes como hojas voladoras se posan en la tierra negra de la montaña tropical. Superamos el primer kilómetro sin cansancio significativo. Por acá también transitaron los Chachapoyas, así que vamos a seguir sus pasos.

El camino está en buenas condiciones y bien señalizado. Cuenta con paradas adecuadas para el descanso. A la mitad se encuentra el puente colgante peatonal ‘Golondrina’, el cual cruzaremos cuidadosamente. Si eres buen observador, podrás notar fósiles de conchas y moluscos marinos en algunas partes del suelo o en las enormes rocas que sobresalen por el paraje.

Llegamos al kilómetro tres algo agitados, pero también emocionados por encontrarnos cerca de nuestro propósito. El nacimiento de las aguas de Gocta, se halla en las pampas de Corobamba, en la confluencia de los riachuelos Upa y Zuta, en la provincia de Bongará. Desde varios puntos se puede apreciar las dos caídas que componen la catarata. El primero de los saltos es de 231 metros y el segundo –el que veremos de cerca en este viaje- es de 540 metros; en suma, 771 metros que colocan a Gocta en el tercer puesto de las cataratas más largas del mundo, después los Tugela falls en Sudáfrica con 948 metros y del Salto del Ángel en Venezuela, con 972 metros. Dicha característica la ha convertido en foco del turismo nacional e internacional.

Kilómetro cinco. Por fin hemos llegado a la piscina natural que forma Gocta en su base. Si llevaste tu ropa de baño pensando en meterte un clavado, fue en vano. El enorme chorro cae de forma violenta. La temperatura es muy fría. Gocta se desborda y salpica, y tan solo esas gotas te dejarán mojado y contento, cantando bajo la lluvia de las aguas que lentamente descienden y que de tan lejos viajaron para terminar nuevamente en algún río. Hasta el próximo Perú Descubre.

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