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Kuélap monumental

Amazonas
Por: Karina Valcarcel

Un viaje de largo aliento

Entre la Cordillera de los Andes y la selva peruana se hallan los restos arqueológicos de una ciudadela fortificada que precede al Imperio Inca y que fue hogar y contexto de los Chachapoyas, cuya cultura nos ha dejado numerosas evidencias de su importancia y magnificencia.

El viaje es ambicioso. Ocupará más de dos días, muchas horas de manejo y el atravesar al menos cuatro departamentos de Perú. Transportarse en la Hyundai Santa Fe, en bus, en teleférico y a pie. Por ello, partimos temprano de la ciudad de Lima que -por estas épocas invernales- se encuentra más gris que nunca, y tomamos la Panamericana Norte hasta Trujillo, lugar donde pasaremos la noche. En el camino haremos nuestra primera parada en Barranca, para la hora del almuerzo, lo que nos permitirá disfrutar de la vista del balneario que contrasta radicalmente con el paisaje de hace unas horas atrás, ya que el sol ha coronado la tarde y el mar nos saluda ola tras ola. Hasta ese punto son tres horas o 190 kilómetros. Luego continuaremos durante cuatro horas y media o 370 kilómetros más, siempre por la 1N, llegando al inicio del anochecer a la ‘Ciudad de la eterna primavera’. La ruta para este primer día de viaje es simple, priman los llanos en la autopista y las dunas de arena en la mirada. La carretera se encuentra en buenas condiciones, El Niño no ha dejado muchas huellas en el asfalto, sin embargo sabemos que el norte de Perú ha sido una de las zonas más afectadas en los primeros meses del 2017. Algo que llama nuestra atención es la cantidad de grillos que encontramos en el último tramo, entre Virú y Moche, en las zonas agrícolas que bordean la vía. Esto pareciera ser un dato irrelevante, pero deja de serlo cuando los grillos se disparan a velocidad contra el parabrisas de tu auto, así que a tomar las precauciones del caso.

A la mañana siguiente nos enrumbamos a Cajamarca, 116 kilómetros con dirección norte por la 1N para luego tomar la ruta PE 08 a la altura del centro poblado Ciudad de Dios. Viramos hacia el este, continuamos el manejo por 178 kilómetros hasta llegar a Cajamarca, un trayecto que nos tomará 6 horas en promedio. A mitad de camino nos detendremos para realizar algunas fotografías del valle del Jequetepeque, donde predomina el cultivo de sandía, arroz y maíz. Más adelante veremos la extensa laguna artificial formada por la represa Gallito Ciego. Continuaremos nuestra ruta atravesando Tembladera, Chilete, Magdalena, Choropamapa y San Juan para llegar al centro de Cajamarca a golpe de tres de la tarde. En este tramo del camino los paisajes se tornan más interesantes y variados, el clima es favorable para el viaje y la claridad del cielo nos invita a hacer múltiples paradas para la fotografía.

El caldo verde humea sobre la mesa. No tarda en llegar el cuy frito acompañado de papas doradas. Cajamarca es una buena elección para detenerse a la hora del almuerzo. No solo ofrece platos típicos de todo Perú, sino que además cuenta con una gran reputación dulcera, en especial en aquellos pasteles y confites hechos a base de leche. Terminado el último sorbito de caldo, nos dirigimos a la Plaza de Armas para dar un breve paseo a pie antes de proseguir con nuestro camino. En sus alrededores se encuentra la heladería tradicional ‘Holanda’, una buena opción para el postre, ya que ofrece helados artesanales de sabores clásicos, pero también los hay exóticos. Yo probé el helado de capulí y lo recomiendo.

Abordamos nuevamente la Santa Fe y tomamos la vía 8B con dirección a Celendín, a 103 kilómetros del centro. El atardecer nos regala tonos rosa y violeta para las nubes. El tramo final de este segundo día de viaje es uno de los más complicados, habrá que sortear curvas muy cerradas y continuas, en un ritmo zigzagueante que se prolongará por varios minutos, con brevísimos intervalos rectos para retornar al serpentín de una sola vía. Pasaremos por Balsas (a 57 km de Celendín) donde el clima tropical empieza a sentirse y en Leymebamba tomaremos dirección norte hasta llegar a Tingo, donde pasaremos la noche. Es de madrugada y solo se escucha el rugir bondadoso del río Uctubamba.

EL VIAJE es de largo aliento. Los beneficios son mayores al cansancio. Puedes hacer paradas realmente enriquecedoras, haciendo aún más intensa esta experiencia. Pasear por alguna playa de Barranca después del almuerzo, como quien moja los pies en la orilla. Amanecer en el soleado Trujillo y si cuentas con más tiempo, visitar algunos lugares turísticos de regreso a Lima. 

Línea roja, por favor no modificar

EN TELEFÉRICO POR PRIMERA VEZ
Día 3 del viaje. Amanecemos en el centro poblado de Tingo, provincia de Luya, departamento de Amazonas. Comenzamos el día con el desayuno típico del lugar: cecina mechada, plátanos fritos y café pasado. Hoy visitaremos Kuélap. Para tal propósito deberemos viajar en nuestra SUV con dirección norte hacia Nuevo Tingo, un trayecto por una vía afirmada que se extiende por 3,5 kilómetros. Acá se encuentra la estación de embarque del teleférico de Kuélap, inaugurado en marzo de este año. La estación cuenta con infraestructura moderna y un estacionamiento gratuito para los usuarios de las telecabinas, aquí dejaremos la Santa Fe para adquirir los tickets de abordaje. Nos recogerá un bus que nos dejará en la plataforma para emprender el trayecto aéreo, esto es parte del servicio y lo cubre el costo del ticket único. Ya en el cielo demoraremos 20 minutos más para llegar al centro de atención del conjunto arqueológico de Kuélap. Es importante calcular adecuadamente los tiempos, ya que al adquirir el ticket para transportarte en las telecabinas podrás elegir tu hora de partida y tu hora de regreso, con la indicación de estar al menos 15 minutos antes de cada viaje en las góndolas.

Avanzamos suspendidos en cuerdas de metal sobre el valle del Uctubamba. Nos dirigimos hacia la cima del cerro Barreta. En esta ocasión somos cuatro pasajeros, pero en días de mucha afluencia viajarían hasta ocho personas por cabina. A través de las paredes transparentes podemos avistar el río como una serpiente en movimiento, abriéndose paso entre la vegetación; parches de distintas tonalidades de verde cubren las montañas. La perspectiva cenital que te obsequia el teleférico es maravillosa. Al llegar al otro extremo de los cordeles, descendemos para dirigirnos al punto de venta de los tickets de ingreso para Kuélap. Desde ahí iniciaremos una caminata en ascenso de al menos 30 minutos. En los escalones de piedra encontraremos huellas fósiles de moluscos (amonites), si eres buen observador los hallarás en los primeros metros del camino. Es recomendable llevar una mochila o bolso ligero, de preferencia con dos correas de espalda para tener las manos libres. Ahí deberás llevar botella de agua o frutas cítricas (mandarinas es una buena opción), bloqueador y una capa impermeable.

LAS TELECABINAS atienden de lunes a domingo entre las 9 a.m. y las 5 p.m. Las salidas son cada 10 minutos. El costo del ticket es de 20 soles (precio único) y cubre el transporte en bus hasta la zona de embarque (un tramo que tomará otros 10 minutos).

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LA VIDA HABITUAL DE LOS CHACHAPOYAS 
La arquitectura de una ciudad condiciona el modus vivendi de sus habitantes. A su vez, las edificaciones responden a los hábitos y proyecciones de los hombres que las habitan. De los Chachapoyas tenemos un conjunto de rastros que nos permiten ensayar teorías sobre su organización cultural y hábitos de distinta índole. Uno de los más representativos y visitados es el sitio arqueológico de Kuélap, una ciudadela fortificada pre-inca erigida a poco más de 3000 m.s.n.m. Hemos llegado por fin a su base, desde la cual se levanta un inmenso muro construido con grandes bloques de piedra caliza.

Sobre la función de Kuélap existe más de una teoría. Descartado totalmente el uso militar, se ha descrito el lugar como un centro de viviendas que en ocasiones sirvió para llevar a cabo ceremonias de contacto con la naturaleza. También se dice que pudo ser pensado como un refugio ante situaciones de emergencia. Una tercera hipótesis sostiene que, debido a su carácter monumental, pudo ser un santuario desde el cual la nobleza administraba la producción de alimentos, a través de prácticas místicas y de carácter sagrado. Nos disponemos a ingresar.
Accedemos por un pasadizo estrecho y empinado, flanqueado por muros altos. La intención de esta estructura sería el procurar el paso de solo una persona o una hilera hasta la parte alta, con el fin de prevenir un posible ataque. El piso de piedra es resbaloso, así que a tener cuidado y reservarse las fotos para el final. Una vez en el denominado ‘Pueblo Alto’ observamos las construcciones características como el torreón, un edificio de 7 metros de alto ubicado en el extremo norte. Aparentemente, desde ahí se lanzaban proyectiles de honda para llamar la lluvia, aunque también se encontraron entierros dentro de sus muros. También encontramos la Callanca, estructura rectangular que se extiende por 27 metros, con 8 de ancho, siendo concebido como un espacio para la realización de rituales bajo techo y además como albergue. Desde esta zona se tiene una vista panorámica, altos árboles cubiertos de bromelias rojas embellecen aún más el lugar.

Una construcción muy popular del conjunto es la casa típica de base circular y techo de paja en forma cónica. Dentro de las viviendas se halla un desnivel diseñado para la crianza de cuyes. El decorado exterior presenta frisos con formas romboides, elaborados con lajas de piedra que forman relieves. A lo lejos parecen ojos que nos miran desde los muros. Continuamos la visita por el sector sur y llegamos al Templo Mayor, también conocido como ‘El Tintero’, una edificación primordialmente de carácter religioso, con forma de cono trunco e invertido, de 13,5 m. de diámetro y 5 metros de alto. Acá también habrá que aguzar la mirada, de otra forma no podrás encontrar la figura del alto relieve que se encuentra en uno de los bloques inferiores de la construcción. La imagen representa el rostro de una deidad, probablemente la más importante de la época, ya que se repite en las piedras de la entrada principal así como en las piezas cerámicas halladas en el lugar. Contiguo al sur del Tintero está una plataforma circular, templo único ubicado sobre la cabecera de la muralla exterior, posiblemente destinado para una figura de alto estatus.
La visita ha sido fructífera. Hemos aprendido un poco más de esta cultura tan rica, la cual además nos ha dejado los Sarcófagos de Carajía, los Mausoleos de Revash, el Gran Pajaten y muchas otras evidencias de su paso por el mundo. La experiencia, variada y emocionante, gracias a la implementación del teleférico. Ha valido la pena el extenso viaje, nos vamos agradecidos de corazón.

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