LA REVISTA

Razones para cambiar de automóvil

Septiembre 2018
Por: Edwin Derteano

¿Qué aspectos se debe considerar?

Una pregunta frecuente de los lectores de Automás es: ¿por qué debo cambiar mi automóvil? Para responder a esta interrogante debemos considerar antes diversos aspectos.

Para empezar, hay que recordar que los avances tecnológicos han ido cobrando mayor importancia y cambiando considerablemente nuestra forma de vida y nuestro concepto de cuánto tiempo debemos conservar un bien. De manera paralela, han abaratado los costos. Hoy, un televisor de alta tecnología cuesta claramente menos que hace 20 años. El primer celular que compré a principios de los 90 me costó US$ 1,700 y solo servía para hablar por teléfono. Su batería duraba apenas 4 horas. El Smartphone que tengo hoy, también sirve para hablar por teléfono pero tiene otras mil funciones; la batería dura 2 días y me costó solo US$ 800. Es más, estoy pensando cambiarlo pero no porque ya no funciona sino porque el que lo va a reemplazar tendrá numerosas ventajas: será resistente al agua, su batería durará más, su cámara de fotos será más eficiente, etc.

Los automóviles obviamente han sido parte de este notable proceso de avances tecnológicos. Si comparamos un sedán familiar mediano actual, con sus equivalentes de hace 20 años, notaremos que consume mucho menos combustible, contamina menos, ofrece más seguridad a sus pasajeros y tiene un equipamiento similar al de los autos de alta gama de antes. Hoy, cualquier sedán familiar viene equipado con aire acondicionado, dirección asistida y controles eléctricos en espejos y lunas. Algunos traen sensores y/o cámaras de retroceso, 6 cambios hacia adelante, sistema de frenos ABS, cuando no EBD (reparto electrónico de frenada).

Todos estos avances tecnológicos —muchos de ellos producto de los reglamentos que imponen mercados como el norteamericano, el europeo o el japonés— sumados a la competencia entre los fabricantes, producen no solo constantes lanzamientos de nuevos modelos. Adicionalmente, los autos de hoy cuestan en proporción un poco menos que su equivalente debido a varios factores: producción de autopartes de alta calidad en Asia, reducción de impuestos para facilitar el comercio internacional, tratados de libre comercio adicionales como los que tiene el Perú con muchos países, desarrollo del crédito, etc. Se ha reducido tanto el precio que, aunque no lo crea, el kilo de auto es hoy más barato que un kilo de lomo. Un sedán familiar bien equipado con motor 1.4 de 100 hp, cuesta US$ 14,990 y pesa 1,580 kg; su precio por kilo es de US$ 9.50. Un kilo de lomo cuesta S/ 60, lo que equivale a US$ 18.75.

Pero se ha reducido no solo su precio sino también su costo de operación. Con los años, los vehículos además de dar más kilómetros por galón, por ser más livianos y tener una sexta velocidad, entre otros aspectos, también requieren menos servicios. Los intervalos de servicios se hacen a más kilómetros que el vehículo que reemplazan. Sin duda que el uso de lubricantes sintéticos tienen mucho que ver en ello pero también el hecho de que los vehículos modernos requieren menos regulaciones y menos mantenimiento en general por haber sustituido mediante actuadores electrónicos sellados a mecanismos electromecánicos que se desgastaban y había que regularlos y/o constantemente cambiar sus componentes.

Un forma de responder a la interrogante planteada al principio quizá sea observar lo que ocurre en mercados más evolucionados que el nuestro, con consumidores mejor informados. Allí se cambia el automóvil para tener un vehículo de última generación que ofrezca menor consumo, mayor seguridad y un equipamiento que haga la vida más placentera gracias al aire acondicionado, mejores tapices, mejor diseño interior, equipo de sonido con más parlantes, etc.

Otro factor determinante para el cambio en dichos mercados es el aspecto estético. Las tendencias de mercado van dejando obsoletos algunos diseños que son reemplazados por otros, como está sucediendo con las SUV y los hatchback, en relación a las antiguas station wagon y sedanes. Un factor adicional que impulsa a cambiar el auto en esos mercados son los nuevos sistemas de crédito orientados al renting. Así, en vez de comprar el vehículo, el consumidor lo “alquila” por tres años, terminados los cuales lo devuelve y se lleva uno nuevo y sigue pagando una cantidad fija mensual para tener un vehículo no mayor a tres años, cubierto por la garantía de fábrica y una póliza de seguros, de tal forma que no haya imprevistos. El único costo adicional que debe añadi es el del combustible.

Pienso que estos sistemas ya exitosos en Europa y Estados Unidos, obtendrían el mismo resultado en países emergentes como el nuestro.

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