LA REVISTA

28 años de cambios

Julio 2018
Por: Edwin Derteano

250 ediciones de Automás

Las importaciones de autos se cerraron a mediados de los años 60, iniciándose la etapa del ensamblaje en nuestro país. Si querías vender en nuestro mercado, tenías que ensamblar. La mayoría de marcas vigentes en la época pusieron pequeñas ensambladoras para abastecer el mercado. Las más grandes fueron entonces las de General Motors y Ford, pero en 1970, a raíz de la creación del Pacto Andino, se reparten entre los países miembros determinadas categorías de vehículos que debían licitarse. A Perú le tocaron cinco categorías. En la categoría del auto pequeño ganó Volkswagen con el Escarabajo y en la del inmediato superior lo ganó Datsun, que después se convirtió en Nissan. El siguiente segmento fue ganado por Toyota con el Corona y Hillman con el Minx. En la categoría de autos grandes el ganador fue Dodge con el Coronet y después con el Dart, mientras que en pick-ups, inicialmente Nissan y Dodge con la D100. En camiones medianos ganó Dodge con el D300, D500 y D800, y en camiones grandes, Volvo.

Esta situación duró desde 1970 hasta 1990, en que por motivos largos de comentar se decide poner fin al ensamblaje y abrir la importación de autos, lo cual crea las condiciones propicias para hacer una revista que le hablara al consumidor desinformado, acostumbrado a escoger solo una marca de vehículo para determinado segmento del mercado.

Una mañana, mientras conversábamos con Tomás sobre este tema, sonó el teléfono. Era Enrique Zileri, que llamaba para hacer un artículo extenso en Caretas sobre el mercado que se abría con nuevas marcas. Esta llamada generó una reunión, de la cual nació Automás como un suplemento de Caretas. La situación se mantuvo durante 16 amigables meses, después de los cuales tomamos la decisión de ponernos los pantalones largos y salir de manera independiente al mercado, situación que felizmente hemos logrado mantener a pesar de los vaivenes del país.

A lo largo de estos 28 años hemos visto evolucionar la industria como nunca antes. A nivel interno la hemos visto evolucionar e involucionar: se abrió la importación de vehículos en 1990 pero también se autorizó la importación de autos usados en 1992, situación que duró 20 años, hasta su cierre el 2012.

Durante esos nefastos años, ingresaron al país más de 750 mil vehículos usados, con diversos años de antigüedad y conservación. Pero todos ellos aprovechando los huecos que el sistema permitía: subvaluación, adulteración de odómetros para aparentar menor uso, venta callejera sin ninguna responsabilidad y evadiendo impuestos, estafas al consumidor, etc.

Este negocio se “perfeccionó” en 1993, permitiendo el ingreso de autos con timón a la derecha para ser acondicionados hacia la izquierda en forma artesanal en los Ceticos del sur. Un trabajo que hacían sin ninguna supervisión. Estos vehículos representan hoy casi la tercera parte de nuestro viejo parque vehicular y seguimos conviviendo peligrosamente con ellos en pistas y carreteras. Cuando ya pensábamos que esto era cosa del pasado, el exministro David Tuesta redujo en junio de este año el impuesto a la importación de autos usados de 30% a 10% si estos vienen equipados con motor a gas, reabriendo nuevamente la importación de autos usados que volverán a ingresar con las nefastas consecuencias antes mencionadas.

A nivel externo, hemos visto grandes cambios en la industria, la cual fue seriamente afectada por la crisis del petróleo de 2007, en que el precio del barril subió de US$ 40 a US$ 150. Esta descontrolada alza, sentenció a muerte a varias marcas de vehículos, que no pudieron adaptarse a las nuevas condiciones y desarrollar modelos de menor consumo, que les permitieran sobrevivir en sus mercados. Así hemos visto desaparecer marcas emblemáticas de General Motors, como Pontiac, Oldsmobile, Saturn, Hummer y Saab. De Chrysler desapareció Plymouth y de Ford, Mercury.

Hemos sido testigos también de las alianzas y compras entre marcas para fortalecerse y sobrevivir a los cambios. Por ejemplo, Ford compró Jaguar, Land Rover y Volvo, mientras que General Motors compró Saab de Suecia. Peugeot se fusionó con Citroën y Hyundai con Kia. Mahindra, de la India, compró a la coreana Ssangyong. Posteriormente, Ford se vió obligada a vender Jaguar y Land Rover a la india Tata y Volvo a la china Geely. BMW compró a su vez a la inglesa MINI y Volkswagen agrupó a Porsche, Audi, Seat y Skoda. También se formó Fiat Chrysler Automobiles (FCA), agrupando a Fiat, Alfa Romeo, Maserati, Chrysler, Jeep y RAM.

De otra parte, hemos visto cómo se ha fortalecido el mercado automotor chino, en donde se están instalando fábricas de la mayoría de marcas de prestigio, obligando a sus suministradores a instalarse en dicho país tanto para fabricar las autopartes para su línea de ensamblaje como para producir en China a menor costo autopartes para su línea de ensamblaje en otro países. La presencia de importantes suministradores de autopartes en China ha fomentado la aparición de muchas marcas de ese origen, que nacen comprando diseños de carrocerías a empresas especializadas como Giugiaro, Italdesign, Pininfarina, etc., y comprando motores a fabricantes prestigiados o a otros que simplemente los copian. El resto de componentes los adquieren de los fabricantes de autopartes prestigiosos que ya operan en el país.

El nacimiento explosivo de marcas en ese mercado, muchas de ellas con bajos volúmenes de producción, solo podían soportarse por el bajo costo de la mano de obra. El tiempo fue demostrando que solo tenían cabida los que lograban producir un buen producto con sus departamentos de investigación y desarrollo y de control de calidad. Actualmente el mercado chino está pasando por una depuración en la que desaparecerán varias.

A lo largo de estos años hemos visto también que la población del planeta sigue creciendo, al punto de superar los siete mil millones de habitantes. Para atender su creciente demanda de energía se ha incrementado constantemente el consumo de petróleo (98 millones de barriles / día) y, al hacerlo, se está comprometiendo su futuro suministro. De ese modo se ha generado además una preocupante contaminación y también el calentamiento global. Todos estos factores comienzan a pasarnos factura con cambios climáticos, sequías e inundaciones. El tomar conciencia de este problema viene presionado a la ciencia y tecnología a buscar sustitutos de energía y en los últimos años los avances en energía solar y eólica han sido considerables.

Por otro lado, la industria automotriz también se ha visto obligada a mirar sustitutos del petróleo para prolongar su agonía, como lo vienen siendo el alcohol y el gas. También hemos visto nacer y crecer los autos híbridos que consumen y contaminan menos, y actualmente somos testigos del desarrollo de autos eléctricos. Proyectos que antes se despertaban cuando se producía un alza en el precio del petróleo y luego, cuando se reducía, eran archivados. Sin embargo, en esta última oportunidad, a pesar de que el precio bajó de US$ 150 a US$ 40, no se han archivado y hoy, la mayoría de marcas con tecnología punta está invirtiendo ingentes cantidades de dinero en el desarrollo de autos eléctricos, que ya comienzan a mostrarse en el mercado mundial.

Los avances que lo vienen permitiendo son el desarrollo de baterías con menor peso y mayor capacidad, motores y sistemas de carga más eficientes. Ya hay varias ciudades europeas que han sentenciado a muerte a los vehículos con motor a combustión, sea cual fuera el combustible que usen a partir de determinados años no muy lejanos.

Por otro lado, vemos que las nuevas generaciones vienen perdiendo un poco el interés que tuvimos las anteriores en el fascinante automóvil. Hoy su atención está más orientada a los sistemas informáticos y sobre todo los teléfonos móviles, que les permiten mantenerse conectados a las redes.

Se podría decir que como parte de la vida moderna, cada lustro los cambios se aceleran, convirtiendo en realidad lo que hasta ayer parecía ciencia ficción o poco probable. Los daños que viene sufriendo el planeta comprometen nuestra supervivencia y urge tomar medidas como lo viene haciendo el mundo desarrollado. Los países emergentes, si bien consideramos que es un problema, aún no hemos medido su magnitud y seguimos contaminando y calentando el planeta. Los organismos tutelares, como el Banco Mundial, las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, etc., son los encargados de irnos haciendo entrar en vereda, condicionando los créditos. Esta situación, lamentablemente, está haciendo que tomemos muchas decisiones sobre el tema no por convicción, sino por imposición. Es por eso que los resultados todavía son poco significativos.

Personalmente, sin embargo, veo un futuro promisorio, porque las nuevas generaciones son bastante más respetuosas del medio ambiente, de la naturaleza, de los animales y del planeta en general. Por otro lado, la tecnología, cuyo desarrollo ha sido vertiginoso, debería ser la encargada de dar soluciones drásticas a estos problemas.

¿Cuál será el contenido del número 500 de Automás?

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